Fase#1 Juan Castillo – Josefina Astorga

FASE #1: JOSEFINA ASTORGA Y JUAN CASTILLO
27 DE MAYO DE 2017
BACO, BATUCO ARTE CONTEMPORÁNEO INAUGURA SU PRIMERA INTERVENCIÓN DEL 2017 EN LOS ARSENALES DE GUERRA DEL ANTIGUO REGIMIENTO BATUCO.

Con las obras de Josefina Astorga (1984) y de Juan Castillo (1952) se da inicio a la primera fase de intervenciones del proyecto BACO 2017. La locación de esta primera intervención es la de las instalaciones en desuso del Regimiento Nº2 de los Arsenales de Guerra del Ejercito de Chile, locación que ha sido el centro de operaciones para los dos artistas invitados y en las que se ha trabajado tanto con el personal como con la infraestructura en desuso del antiguo regimiento.

El proyecto BACO se encuentra, desde 2013, activando lugares abandonados o ruinas contemporáneas en las inmediaciones del pueblo de Batuco, al norte de Santiago, mediante la intervención de artistas contemporáneos. El objetivo es realizar cruces entre los valores simbólicos e históricos que le den vida a los afectos depositados en los lugares, así como también generar nuevos dispositivos para la creación contemporánea que sean sensibles a las historias locales y a su devenir. El proyecto en si, más que proponer espacios de trabajo a los artistas, los pone ante el desafío de asimilar y desarrollar su obra ante el encuentro de lo otro, bajo la extrañeza de un lugar que no cuenta con una infraestructura cultural, pero que tiene una gran cantidad de relatos y anécdotas que permiten desarrollar una lógica fragmentaria desde las dinámicas y materialidades que cada artista trabaja.

En este caso, el arsenal de guerra del regimiento numero 2 de abastecimiento, es un lugar con una gran carga histórica. No solo por el hecho de pertenecer al ejército y que, gracias a la apertura e interés de sus administradores, se plieguen a conectar el trabajo de artistas y gestores culturales en su locación; sino porque su historia se remonta a principios del siglo XX, momento en el que este polvorín inicia sus funciones y se transforma en un punto de referencia ineludible para el sector. Muchas personas vivieron o trabajaron en este lugar. Esas historias forman parte de la tradición oral de Batuco, y así como la gran historia nos recuerda cuando el polvorín estalló el 23 de marzo de 1908, las obras de Josefina Astorga y Juan Castillo nos llevaran a las pequeñas historias que traspasan los desastres y lo memorable mediante los relatos de personas que recientemente han estado habitando el lugar. Los fantasmas y los sueños convergen para darle forma a los infraleves que los artistas han asimilado para intervenir las ruinas recientes de un lugar que se transforma en un dispositivo arqueológico, una esponja que ha absorbido su entorno, lo ha vivido y ha sido testigo de una historia muchas veces opacada por la cercanía olvidada de una periferia demasiado cercana al centro.

Josefina Astorga se centra en las historias que pueden contar las imágenes, desarrollando una serie de retratos de los militares que ahora habitan el polvorín. Su narración fotográfica se despliega en dos de los lugares, como dos formas de habitar, usando las ruinas de una casa de oficiales y el espacio central del abandonado casino de suboficiales como soporte para la escritura de esas historias cercanas, singulares e íntimas; y recurriendo al retrato como un lenguaje autónomo en el devenir de esas historias de lo propio.

Juan Castillo, por su parte, se encarga de rastrear a quienes habitaron en las casas abandonadas del polvorín. Luego de realizar una serie de entrevistas, selecciona a una de ellas –la correspondiente a la esposa de un oficial– para, en un gesto simbólico, devolverle su imagen, retornarla a la casa de sus recuerdos. Castillo realiza una video instalación en la que el relato de la entrevistada se hace visible y audible, sobre la ventana de la casa que alguna vez habitó. Es un gesto de retorno, donde el artista articula una devolución donde el tiempo y los recuerdos se unen para convertir la ruina en el catalizador de una intimidad doblemente ajena.

Por otra parte, Juan se propone como sujeto de su propia intimidad, al exponer sus propias fotografías en un espacio que se mantiene sin mayores intervenciones, como si sus imágenes se camuflaran en esas ruinas para darles un sentido y a su vez, apropiárselas como si el artista fuera un eterno habitante de ellas.

Fase 1 Baco Mayo